Por María Eugenia Ferrés Márquez

 

 

He aquí porqué la arquitectura está considerada una de las siete Bellas Artes:

El Palacio de invierno de los zares en San Petersburgo.

Este palacio, fue construido a una escala monumental; (22.400 metros cuadrados) para demostrarle al mundo, el poder de la Rusia Imperial.

El estilo es barroco isabelino (por la reina Isabel I, de Rusia).

Tiene forma de un rectángulo alargado y su decoración exterior en forma de estatuas y opulentos trabajos de estuco en fachadas y ventanas. Está realizada al más puro estilo barroco.

Las fachadas que dan a la plaza del palacio y al río Neva, son accesibles y visibles al público.

Pero las laterales, están ocultas tras muros de granito qué ocultan un jardín creado por el zar Nicolás II.

El Palacio fue concebido como un palacio urbano muy por el contrario al de Versalles, qué fue ideado como un palacio privado, dentro de un parque.

El tema arquitectónico continúa en todo el interior del palacio, con un estilo barroco y neoclásico. Y los cambios en el interior, se deben a la emperatriz Catalina la Grande.

Este palacio monumental posee 1786 puertas,1945 ventanas,1500 habitaciones, y 117 escalas.

 

Fue construido por el arquitecto italiano Rastrelli, entre 1754 y 1762 a instancias de la Emperatriz Isabel y representa la apoteosis del barroco ruso, dominando el corazón de la ciudad de San Petersburgo y manifestando la grandeza del imperio.

 

Los fastuosos interiores, fueron transformados en estilo neoclásico por los arquitectos Velten entre 1760 y por Valin de la Mothe, Rinald y Starov en 1790.

Especial mención merece la cámara o salón ámbar, cuyas paredes están cubiertas por paneles elaborados con seis toneladas de ámbar, y adornadas con láminas de oro, mosaicos y espejos, un verdadero himno a la belleza, y una celebración del material.

En un principio fue una sala diseñada en los albores del siglo XVIII, para el rey de Prusia Federico I, y en 1716, donada al zar ruso Pedro el Grande y finalmente, trasladado al Palacio de Invierno de la Emperatriz Catalina.

Donde dirigidos por el arquitecto Francesco Bartolomeo Rastrelli, los paneles originales, se incorporaron a una sala de 55 metros cuadrados decorada con más ámbar, candelabros, mosaicos y figuras doradas.

La opulencia de la obra del barroco ruso, se hizo conocida como la “octava maravilla del mundo”.

No entraré en la negra historia, que llevó al saqueo, incendio y demolición por bolcheviques y nazis, que la desmantelaron y trasladaron al castillo de Königsberg en lo que era el estado alemán de Prusia, desde donde jamás se recuperó, nunca fue hallada.  Pero en 1979 la antigua URSS, comenzó la reconstrucción guiados por dos elementos originales restantes, encontrados en una caja con reliquias de la “sala ámbar” y con 86 fotografías en blanco y negro tomadas justo antes de la Segunda Guerra Mundial.

 

La reconstrucción tomó 23 años y recién fue después de décadas de esfuerzos y trabajos de artesanos rusos y donaciones de Alemania, se inauguró en 2003, la cámara de ámbar de Catalina. 

Reliquia de resina fosilizada: el ámbar.

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