
Por María Eugenia Ferrés Márquez
BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO (1618-1682).
Fue el menor de 14 hermanos, cuyo padre era un acomodado y reconocido “Barbero-cirujano”, que poseía una cantidad de inmuebles que arrendaba y que heredó Bartolomé, lo que le permitió un muy buen pasar.
A los 9 años quedó huérfano, muriendo sus padres en un lapso de seis meses. Ana, una de sus hermanas mayores, casada y con hijos, se vuelve su tutora, y Murillo vive con ella y su familia hasta que años más tarde, se casa, pero siempre mantuvo como albacea a su cuñado.
Pintor barroco español, formado en la escuela “Naturalista’ evoluciona hacia el barroco pleno, logrando personalizarlo con una sensibilidad propia, que casi anticipa al rococó. [creación francesa durante los siglos XVII y XVIII, donde sus características más destacadas son la ligereza, la fragilidad y la gracia, frente a los profundos contenidos del Barroco].
Se convierte en la personalidad central de la Escuela sevillana, con un elevado número de discípulos y seguidores, siendo conocido en toda España y Europa.
Fue un pintor profundamente católico, y dedicó gran parte de su extensa obra a cuadros religiosos, destacándose al final de su vida, el de “La Inmaculada Concepción”, donde se puede observar su evolución, anticipándose al estilo rococó, por el minucioso tratamiento a los detalles.

En el cuadro de “La Sagrada familia con el pajarito” vemos al “Niño” admirando un pajarito de madera, mientras su madre lo contempla en segundo plano. El pajarito probablemente tallado por San José, el niño apoyándose en el regazo de su papá carpintero.

Murillo le da en el cuadro a José, un destacado protagonismo e importancia en la vida del niño Dios, a la paz y el disfrute de lo doméstico, del día a día, de la Sagrada Familia, demostrando que es tan importante como lo divino.
En esos tiempos la peor miseria que se veía en las calles, era la de los niños pobres y mendigos. Murillo lo destacó como una crítica social de su época, como podemos verlo en el cuadro de extrema miseria del ‘”Niño espulgándose”, donde dedica su pincel con meticuloso virtuosismo, al detalle de los harapos, la suciedad del niño, mientras se despioja.

Hay también, un magistral tratamiento del claro oscuro o tenebrismo, probablemente influenciado por Caravaggio logrando destacar, la posición el cuerpo del pequeño.
Vemos una fuerte denuncia social de pintor, a la miseria que se vivía en las calles de Sevilla en su época.
Sin embargo, Murillo dedicó parte importante de su producción, al encanto de la vida cotidiana, como podemos admirar en “Mujeres en la ventana”.

Las mujeres miran directamente al espectador como si fuéramos nosotros caminando por la calle. El efecto de la técnica usada por el pintor es de una ilusión óptica, (trampa ojos) donde las imágenes, son tan realistas, como en un plano tridimensional.
Efecto “trampa ojos”, que logra con gran maestría en su autorretrato, pintado expresamente a pedido de sus hijos. Donde en un marco oval, apoya la mano y destaca con el claro oscuro, las herramientas del pintor, papel, compás, pincel, una paleta un dibujo.

Este autorretrato, comparte honores con el de Velázquez, en “Las Meninas “. Ambos pintores son los más destacados del siglo de oro español.
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