LADY

Por María Eugenia Ferrés Márquez

 

 

Lu Jian Jun pintor chino, nacido en 1960, en la ciudad de Hangzhou (Conocida en el Medioevo como el “Paraíso Terrenal”) por ser una de las ciudades más hermosas de China, de la provincia de Zhejiang.

 

Este fabuloso pintor fue influenciado de pequeño por su madre a pintar desde muy temprana edad.

 

Porque a los seis años fue atropellado por un camión y sufrió la deformidad de su cara y cráneo, causada por la destrucción del hueso de la mejilla. Esto sucedió durante la Revolución Cultural, cuando el personal médico era escaso, lo que la herida de Lu Jian Jun, se cosió sin medidas asépticas y la conmoción cerebral lo dejó sin memoria y con una profunda cicatriz en su cara.

 

Quedó condenado al aislamiento y a tener que aprender lo que había olvidado de sus primeros seis años.

 

Desde entonces recluido en su dormitorio, comenzó su formación artística formal a la edad de siete años, impulsado por su madre.

 

De allí en adelante hasta graduarse Suma Cum Laude, en la especialidad de pintura por la Universidad Shandong de las Artes su talento y técnica fueron en ascenso.

 

Su obra “Lady” en 1991 ganó el premio de la Asociación Japonesa de Artistas. En los años 90, ganó varios premios de Arte, y su obra fue incluida en la colección del Museo Nacional de China.

 

Su éxito como artista plástico fue en ascenso, y en 1995 llegó a USA con la delegación de artistas chinos. Su primera exposición en 1999 vendió todas sus pinturas en el primer día.

 

En el 2000 firmó contrato con Weinstein Gallery y organizó su segunda exposición y una vez más, el primer día vendió toda su obra y hasta hoy día trabajan juntos.

 

Desde entonces reside en Danville California.

 

Sus obras están inspiradas en la legendaria cultura china. Técnicamente se alimenta en las fuentes del academicismo ruso. Sin embargo, sus modelos, ropajes la atmósfera, pertenecen, sin lugar a dudas, a la milenaria tradición de su país.

 

Creo que este artista representa la superación a la desgracia de su rostro deforme, sin amarguras, y regalándonos su concepto de la belleza y la delicada sensualidad de la mujer oriental.

 

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